lunes, febrero 27, 2006

Tedio y ventiscas

Día soso, frío, de libros y breves paseos.


El sueño me domina, la noche anterior casi no he dormido por culpa de las escalofriantes ventiscas que golpeaban y producían el ruido monótono de la persiana contra las ventanas.

sábado, febrero 25, 2006

Todos víctimas, todos responsables

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Todos somos víctimas y todos tenemos la responsabilidad al igual que el derecho a pedir justicia o el fin de la violencia, con los medios y el precio que cada uno crea conveniente.

Por eso, el cómo se acaba con el terrorismo y el precio a pagar (si fuera el caso) es algo a decidir entre todos los españoles, no sólo las víctimas directas cuyo parecer no tiene ni más ni menos peso que el de el resto de ciudadanos que de una forma u otra padecemos igualmente el terrorismo.

Y es eso, hay muchas formas distintas de sentirse víctima...y de serlo, todas ellas legítimas y comprensibles teniendo en cuenta los devastadores efectos del terrorismo desde prismas muy diversos.

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NO A TENER LA EXCLUSIVA DE LA VÍCTIMA INOCENTE

viernes, febrero 24, 2006

La sabiduría de Schrödinger (Ilumínate)

Si el tiempo y las ganas te lo permiten, mi querido y anónimo visitante, a continuación vas a leer uno de los textos más preciosos que jamás se han escrito. Y no por breve es menos trascendente. Pues la pluma ,ávida de conocimiento y amor por el mundo, que trazó estas líneas, señala hacia muchos de los mayores interrogantes que todo "anthropo" (el ser humano, el que "mira hacia arriba")se ha planteado alguna vez, especialmente si nunca le llegaron a arrebatar su capacidad de asombro. Y también, especialmente, si ha comprendido que el mundo hay que verlo con ojos de artista.

Este texto contiene la "salsa de la vida" y el auténtico meollo de la cuestión expresado con emoción, finura, precisión y sencillez. Fue escrito por uno de los mejores científicos de la historia. Pero, decir esto, es muy poco. Schrödinger era más que eso. Fue una de las pocas personas sabias que han pasado por nuestro estupidizado orbe.

Advierto que el texto contiene y expresa mucho más de lo que puede parecer a primera vista. Porque su autor da en la diana (permítaseme la pretenciosidad, ya saben que no puedo vivir sin ella) frente al enigma de los milenios y frente a lo que todo ser humano necesita aprehender para caminar con la cabeza alta desde el primero hasta el último de sus días.

Atrévete a iluminarte:


Supongamos que estoy sentado en un tronco junto a un sendero en una región de montaña. Estoy rodeado de laderas cubiertas de hierba de las que emergen aquí y allí abruptamente algunas rocas; en la ladera opuesta del valle diviso un pedregal entreverado escasamente de arbustos de abedules. A ambos lados del valle la vegetación trepa en pendientes escarpadas hasta alcanzar la línea de pastos donde cesa el arbolado; enfrente, remontándose desde las honduras del valle, se yergue poderoso un pico de cuya cumbre desciende un glaciar entre suaves hondonadas cubiertas de nieve y algunas aristas rocosas, que en este momento acarician, tiñéndolas de un suave color rosa, los últimos rayos del sol poniente, destacándose todo ello en maravilloso contraste sobre el fondo azul, pálido y transparente, del cielo.

Según la forma ordinaria que tenemos de ver las cosas, todo eso que estoy viendo ha estado ahí durante miles de años antes de ahora, fuera de algunos cambios sin importancia. Dentro de algún tiempo, no mucho, yo habré dejado de existir y esos bosques, esa roca y ese cielo seguirán estando ahí más o menos igual durante miles de años después de que yo haya dejado de existir.

¿Qué es lo que me ha sacado de la nada de un modo tan repentino, a fin de gozar por tan corto rato de un espectáculo al que resulto absolutamente indiferente?. Las condiciones que han permitido que yo exista son casi tan antiguas como las rocas que contemplo. Durante miles de años me han precedido otros hombres que se han esforzado, han sufrido, han engendrado, y otras mujeres que han parido a sus hijos con dolor. Tal vez hace cien años estuvo sentado aquí mismo otro hombre y, como yo, estuvo mirando esa luz feneciente reflejarse en el glaciar sintiéndose entre nostálgico y sobrecogido en su corazón. Como yo, había sido engendrado por un hombre y parido por una mujer. Había sentido penas y breves alegrías en su vida, como yo mismo. ¿Era alguien distinto de mí?. ¿No era tal vez yo mismo?. ¿En que consiste mi yo?. ¿Qué condiciones fueron necesarias para que lo concebido esta vez fuera yo, justamente yo, y no otro?. ¿ Que significado científico claramente inteligible puede realmente corresponder a ese otro?. Si mi madre hubiese vivido con otra persona distinta de mi padre y hubiese tenido de él un hijo y mi padre hubiese hecho otro tanto, ¿habría yo llegado a ser?. ¿O es que acaso vivía yo ya en ellos y en los padres de mis padres, y así sucesivamente, desde hace miles de años?. E incluso si fuera así ¿por qué yo no soy mi hermano, o porque mi hermano no es yo, o no soy yo alguno de mis primos lejanos?. ¿Qué es lo que justifica el que nos empeñemos tan obstinadamente en descubrir esa diferencia -diferencia entre mi propio yo y los demás- cuando objetivamente lo que hay en todos es la misma cosa?.

Al pensar y ver las cosas de esta manera, es posible que de pronto caigamos en la cuenta de la profunda verdad que alberga la convicción básica del Vedanta: no es posible que esa unidad de conocimiento, de sentimiento y de decisiones a la que llamamos el propio yo haya saltado de la nada al ser en un momento dado hace poco tiempo; más bien, ese conocimiento, sentimiento y decisión son en lo esencial eternos, inmutables y numéricamente unos y los mismos en todos los seres humanos, más aún, en todos los seres dotados de sensibilidad. Pero no en el sentido de que cada uno de nosotros sea una porción o una parte de un ser infinito y eterno, o un aspecto o modificación del mismo, como en el panteísmo de Spinoza. Porque entonces seguiríamos topando con la misma pregunta embarazosa: ¿qué parte o qué aspecto soy yo?. ¿Qué es lo que objetivamente me diferencia de los demás?. No es eso, sino que, por inconcebible que resulte a nuestra razón ordinaria, todos nosotros - y todos los demás seres conscientes en cuanto a tales- estamos todos en todos. De modo que la vida que cada uno de nosotros vive no es meramente una porción de la existencia total, sino que en cierto sentido es el todo: únicamente que ese todo no se deja abarcar por una sola mirada. Eso es lo que, como sabemos, expresa esa fórmula mística sagrada de los brahmanes, que es no obstante tan clara y sencilla: eso eres tu. O también lo que significan expresiones como: “Yo estoy en el este y en el oeste, yo estoy encima y debajo, yo soy el mundo entero”.

Podemos, pues, tumbarnos sobre el suelo y extendernos sobre la madre tierra con la absoluta certeza de ser una sola y misma cosa con ella y ella con nosotros. Nuestros cimientos son tan firmes e inconmovibles como los suyos; de hecho, mil veces más firmes e inconmovibles. Tan seguro como que mañana seré engullido por ella, con igual seguridad volverá a darme de nuevo a luz un día para enfrentarme a nuevos trabajos y padecimientos. Y no solamente un día: ahora, yo, cada día me da a luz continuamente, no ya una vez, sino miles y miles de veces. Lo mismo que me va devorando miles de veces cada día. Porque, eternamente, y siempre, no existe más que ahora, un único y mismo ahora; el presente es lo único que no tiene fin.


- Erwin Schrödinger - físico y creador de la “ecuación de onda”, premio Nobel de Física en 1933.

jueves, febrero 23, 2006

Viejos rencores, malos augurios

Leo en el periódico.com de Catalunya:

El fantasma de la guerra civil planea sobre Irak. El atentado que destruyó ayer la espectacular cúpula dorada de uno de los santuarios más importantes del shiismo amenaza con romper en pedazos la frágil convivencia entre shiís y sunís. Un grupo de terroristas hizo estallar dos potentes artefactos explosivos en el interior de la conocida como Mezquita Dorada, en la ciudad de Samarra, donde están enterrados dos de los imanes más venerados del islam shií, descendientes de Mahoma. A pesar de que el Gobierno y los principales líderes religiosos hicieron un llamamiento a la calma, grupos de shiís furiosos atacaron mezquitas sunís en varias ciudades del país.
A primera hora de la mañana, cuatro hombres, uno de ellos con uniforme militar y el resto vestidos de negro, redujeron a los guardianes, asaltaron el templo --también conocido como mezquita de Ashariya-- y colocaron los dos artefactos. Poco después se registró la fuerte explosión, que convirtió en ruinas la cúpula del templo, de 20 metros de diámetro, una de las más grandes y bellas de la arquitectura islámica.

10 DETENIDOS
El consejero de Seguridad Nacional, Mowafak al Rubaie, acusó a extremistas sunís ligados a Al Qaeda de estar detrás de la acción terrorista. "El objetivo de este ataque es empujar a Irak a la guerra civil", declaró. Fuentes del Gobierno informaron de que 10 sospechosos fueron detenidos en Samarra, ciudad mayoritariamente suní y feudo de la insurgencia, situada a 100 kilómetros al norte de Bagdad.

La ira de los shiís, mayoritarios en el país, se extendió por Irak y se manifestó en marchas de protesta y ataques a por lo menos 75 mezquitas sunís en todo el país, según informó el dirigente suní Husein al Faluji. Fuentes policiales dijeron que 28 templos fueron blanco de ataques sólo en Bagdad, donde el Ejército desplegó a unos 500 hombres para evitar choques entre ambos bandos. En Basora, hombres armados vestidos con los uniformes de la policía secuestraron de una cárcel a 11 presos sunís acusados de pertenecer a la insurgencia, a los que luego asesinaron. El Partido Islámico Iraquí, la mayor fuerza suní, informó de otras siete muertes en los altercados.
De nada sirvió que el gran ayatolá Alí Sistani, máximo líder religioso de los shiís iraquís, prohibiera a sus seguidores responder con violencia. Menos prudente se mostró el clérigo radical Moktada al Sadr, que, por boca de un portavoz, exigió venganza.


Terrible notícia, si se confirmaran las peores predicciones.

Ahora, más que nunca, es cuando hay que exigir responsabilidades a los que apoyaron la invasión de Irak. Porque, desde luego, tienen derecho a equivocarse pero no tienen derecho a dejar que esto siga su curso.

Bush, Aznar, Blair, a lo que os toca, hijos de puta.

miércoles, febrero 22, 2006

Tarta de manzana

Hoy me he levantado con una hambruna enorme. Y no era hambre de cualquier cosa; tres raciones de tarta de manzana para el cuerpo. ¿Porqué?¿Qué significado tiene?.En cierta ocasión leí que los antojos responden a necesidades nutritivas específicas. ¿Porque hoy me he levantado con esas ganas atroces (obsesivas) de comer tarta de manzana?. Misterio...
Será la enfermedad que llevo arrastrando hace casi una semana gracias a la cual mi estómago sólo come lo justo. Un virus "griposo" de esos que no mata pero que no te deja vivir según una cierta normalidad.

Bueno, esto es un intento de ir haciendo del blog algo parecido a un diario personal y no únicamente un escaparate de megalomanías y frikadas varias.

Para tal fin, quede constancia que lo más destacado de mi vida en un dia como hoy ha sido...la tarta de manzana. Para que no me acusen de excesos trascendentales.Ya lo dije antes (y lo decía también el protagonista de "American Beauty" en el epílogo de la película), estas son las cosas que perduran en el recuerdo de los siglos y de las almas.

martes, febrero 21, 2006

Sospechas (soy un alucinado)

Hoy he descubierto cuál es mi misión en la vida. Estaba en la cama rememorando mi juventud de hace diez años y poco a poco las sospechas van calando en mi quijotera.

No se dice, claro, porque es otra majadería de las mías, pero si el devenir me da su beneplácito, voy a dar mucho que hablar.

Un futuro proyecto literario: el regreso a la juventud por medio de la historia de un viejo que se arrepiente, en los últimos dias de su vida, de no haber compartido todos sus secretos. Un grupo de jóvenes serán testigos de esa última esperanza...

De ilusión también se vive...

viernes, febrero 17, 2006

A medio gas y contra el poniente

Estuve un rato dando vueltas por las calles y carreteras que vertebran mi ciudad, con sus zonas adheridas a tan sólo media hora de caminata. El viento de poniente soplaba desde esta mañana . Un viento molesto, entre frío y cálido. El cuerpo, constreñido, no se aclaraba. Ahora, mientras escribo, el sosiego me premia con un atardecer de esos de calma total. Estos días tengo la mente libre de obligaciones tras el maratón de los exámenes de Febrero y me estoy dedicando a lo mío. Ya sabes, hermano, el vagabundeo y la bohemia de ratos de lectura no desprovista de una cierta ansiedad; como siempre, hay demasiado que degustar y el tiempo es nada.

Escribo esto, supongo, porque tengo (creo) algo de fiebre y la debilidad invita a quedarse sentado frente al ordenador sólo para jugar con las palabras. Tengo mucho que decir y poco que escribir. Y, por eso, porque no me resisto, fuerzo la máquina para que dentro de un año (o de cien siglos, quién sabe si la memoria de la red aún estará intacta y al servicio de cualquier friki como yo que busque respuestas en lo más insospechado) quede constancia de lo que es un dia como el que ya poco a poco se va apagando. La vida es tan grandiosa como plana y simple en su sencillez. Un dia como hoy se resume en unos palabros escasos como “a medio gas y contra el poniente“. Así queda perfectamente sintetizada la experiencia, la única que vale. Seguramente me han pasado otras cosas, me he tropezado con algún conocido o he ido a cumplir con ciertas obligaciones. Nada, no sirve. Lo importante es mi vagabundeo por los caminos de mi mundo circundante.
Luego está la poesía. Pero esta surge de la megalómana pretensión de ser inmortal. Es decir, todas esas cosas son majaderías de las que tarde o temprano, no quedará nada tras el paso fiero de las olas del tiempo. Recordad que el mar es el tiempo y sus olas curan las heridas. Pero el poniente y mi sensación de estar “ a medio gas” es un hecho que cíclicamente se repetirá en cada nueva estación proclive a este tipo de vientos tan viciados.

Como dicen en mi tierra (la microcósmica, no la otra, la que cuenta de verdad ), “viento de poniente y que el valenciano reviente”.

En otra ocasión escribiré sobre esa megalomanía tan sublime cuya pestilencia emana desde más arriba de las cejas.

martes, febrero 14, 2006

Einstein y su visión del mundo

Llamo a esto religiosidad cósmica, y no me resulta fácil hablar de ella porque se trata de una noción nueva y a la que no corresponde ningún concepto de un dios antropomorfo...¿cómo podría esta religiosidad comunicarse de un hombre a otro siendo así que no puede desembocar en ningún otro concepto fácilmente comprensible de dios ni en ninguna teología?. Para mi, el papel más importante del arte y de la ciencia consiste en suscitar ese sentimiento y mantenerlo despierto en quienes son receptivos a él.

Y luego, un Einstein todavía más ingenuo , nos comenta: la religiosidad del sabio consiste en maravillarse, en extasiarse ante la armonía de las leyes de la naturaleza, EN LA QUE SE MUESTRA UNA INTELIGENCIA TAN SUPERIOR que, en comparación con ella, todos los pensamientos humanos con todo su ingenio no pueden más que revelar su nulidad irrisoria

sábado, febrero 11, 2006

Dioses y Diosas desde lo alto de la torre

Jaleo de mundo. Afortunado soy por habitar en este paraíso y poder bañarme de todos los vaivenes y trajines del orbe sin tener que mojarme del todo. Al menos de momento. Porque, sinceramente (y algo lastimosamente), creo que la obligación de todo librepensador es implicarse en los problemas de la sociedad y no dejarse llevar de forma tan extenuada por el egoísmo del placer hedónico de quién se ha puesto el mundo por montera y allá va con todo, a por la felicidad y el progreso personal. Y a los demás...¡que les zurzan!. No. Es tentador, pero también cruel e irresponsable. La plena conciencia de la felicidad de uno conlleva un misterioso y beatífico impulso de “contagio”, de extensión del estado supremo del ser.

Mi felicidad no va a ir a ninguna parte hasta que todos hayan subido a bordo. Es tiempo, pues, de guerra. Velas al viento, mis queridos camaradas que no tenéis otra patria que la mar ni más ley que la libertad. Nos espera la conquista colectiva de las más altas cimas del espíritu humano.

Quien tenga oídos, que oiga...

Las desgracias, sin embargo, parecen mandar a nivel colectivo. La desgracia y la degradación de un sistema de sistemas, de una civilización de civilizaciones, de un brutal choque entre formas irreconciliables de entender el estado de cosas, los valores, las leyes y la moral supremas. Los fundamentalistas islámicos ahora mismo parecen estar declarando la guerra, definitivamente, a los occidentales impertinentes y blasfemos que se dedican a consentir y reproducir públicamente el ignoto careto del profeta Mahoma. Queman iglesias, matan a personas y se enzarzan en un pozo de odio alimentado por los propios imanes y los distintos medios. Yo, desde mi sensibilidad a caballo entre el ateísmo y un panteísmo forjado sobre lo que el mundo natural ha podido enseñar a mi limitada capacidad de terrícola espantado por la complejidad del universo, me subo por las paredes cada vez que intento hacer un sano ejercicio de empatía para con una visión teocéntrica y todavía estancada en la época feudal. No voy a ser tan melifluo y palurdo como para cantar alegremente la tópica y consabida arenga que viene a definir a las religiones como algo despreciable y maligno sin resquicios para la duda y el análisis, matizaciones de todo tipo que se podrían hacer atendiendo a la dimensión humana más poderosa en tanto que cava un abismo entre lo animal y lo humano, y nos otorga un arma de huída hacia el cosmos y hacia un mundo en el que el hombre, de verdad, pueda sentirse el epicentro de la creación, el “leitmotiv” del baile de los átomos y de la colisión entre galaxias. Vamos, que el ser humano se hizo humano, también, gracias al impulso religioso. Y vemos ahora cómo desciende al nivel de una bestia cuando los titiriteros de esa civilización (o de la otra considerada como “la nuestra“, vete tu a saber) remueven los fuegos de la sinrazón para dar rienda suelta al potencial destructor de las masas adoctrinadas en función de ciertos intereses. En el siglo XXI y aún estamos con esas...
Claro que, por otra lado, los voceros de la civilización ilustrada patalean y claman en nombre de sus propios dioses y sus dogmas. Dioses y dogmas con nombres seculares, desde luego razonables en su raíz primigenia, pero ya fosilizados desde el etnocentrismo u ombliguismo occidentalista: libertad de expresión y derechos humanos. Dignas expresiones verbales que han aupado a la humanidad hacia una nueva conciencia y sepultado viejas enfermedades de la cultura humana; por ejemplo, la sumisión a los dioses que el ser humano ha creado y a todo tipo de conductas supersticiosas. Es decir, lo que aún permanece en el mundo islámico y contra lo que hay que lidiar (y convivir) hasta que este disponga de las condiciones materiales e ideológicas para iniciar su propia ilustración.

Desde luego que para convivir con esa civilización dogmática no es necesario limitar las posibilidades de expresión y no hay que arrodillarse o pedir perdón de forma cobarde ante las muertes y las revueltas propiciadas por ese autoritarismo teocéntrico, pero tampoco hay que caer en el dogma de la inquebrantable e ilimitada libertad de expresión: la Diosa Libertad de Expresión. Esta, como todo en una cultura verdaderamente crítica, es cuestionable, sobretodo en tiempos de refriegas que excitan las vísceras de muchos. A la paz se llega conociendo e interpretando lo más objetivamente posible el sentir y la sensibilidad de todas las culturas que convergen y conviven en un mismo espacio y tiempo. Si unos enquistan sus posturas en nombre de Alá y los otros (nosotros) hacen lo propio en nombre de la libertad no hay posible tregua para las esperanzas de unos y otros.

La cuestión que me planteaba desde hace un tiempo es porqué el mundo musulmán no ha podido tener su propia ilustración y así liberarse de las falsas y estúpidas leyes y preceptos coránicos así que, para ir terminando, reproduzco un interesante párrafo recurriendo una vez más a Charpak y Omnés:

Viendo la riqueza del movimiento de las ideas en la edad media árabe, uno se pregunta porqué se secó la fuente de genios como Alhazé y porque el pensamiento científico languideció a partir de entonces en el mundo musulmán. Añadamos, con todo, que ha existido siempre una línea de grandes sabios de esta cultura: estamos pensando en un difunto y antiguo colega pakistaní , Abdus Salam. Fue uno de los inventores del modelo estándar de las partículas y fundó el instituto internacional de Trieste, destinado a acoger y formar a científicos del tercer mundo.Se manifestaba y profesaba musulmán pero esto no quita que sean raros los hombres de su talla y que abunden menos que en otras civilizaciones. Lo que hace que debamos preguntarnos la razón de esta escasez.
Una respuesta brutal ha sido la avanzada por Ahmed Zewail, premio nobel de química en 1999, que nació y se educó en Egipto antes de convertirse en titular de la prestigiosa cátedra Linus Pauling en el California Institute of Technology .
Zewail no cree que la responsabilidad del letargo de la ciencia en el mundo musulmán deba buscarse en unos límites marcados por la religión a las especulaciones del espíritu. Una mirada al pasado bastaría para demostrarlo. Él ve la causa en la creciente influencia de tendencias oscurantistas , hostiles por principio a toda investigación científica y a todo conocimiento de este orden: ¿ acaso no ha dictado Dios personalmente y para siempre todo cuanto es preciso saber?. Mahatir Mohamad, primer ministro de Malasia, afirma que el verdadero obstáculo para el desarrollo no es el Islam, sino la obstinación de los ulemas políticos, que reducen exclusivamente el conocimiento al contenido del Corán y a su interpretación más estricta. Dicho en otras palabras, el fundamentalismo estaría taponando cualquier perspectiva de futuro.


Propagadores de oscurantismo. Los mismos que utilizan los resortes cándidos y espontáneos de nuestra divina libertad de expresión para provocar y excitar a las masas. Apelo, pues, a la sutileza y la prudencia a la hora de hacer uso de tan digna herramienta porque al choque de civilizaciones -con las posibles ofensas que ello puede generar - se le puede sumar los malintencionados líderes políticos que la utilizan en beneficio propio y en detrimento de un mundo en paz. Y, reconozcámoslo, eso es un fracaso para todos.

viernes, febrero 03, 2006

Inmensidad aterradora (Pascal y de cómo el descubrimiento del universo sacude a nuestra humanidad sedienta)

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La invención del anteojo astronómico , al que siguieron los primeros telescopios, iba pronto a zanjar los litigios de la astronomía confirmando la inmensidad del universo. Una auténtica sensación de agorafobia invadió entonces a algunos espíritus, cuya angustia se expresaba muy bien en este breve pensamiento de Pascal: “Me espanta el silencio de esos espacios infinitos”. Nótese que espantar tenía entonces el sentido que damos a “aterrorizar”. Y nótese también que lo que espanta a Pascal es el silencio. No es el físico quien habla, por más que fue él mismo quien demostró la existencia del vacío y que esto siga siendo uno de sus títulos imperecederos de gloria. El vacío es, esencialmente, un lugar de silencio [...].
La cuestión es más profunda aún en el caso de Pascal porque, si no, él hubiera hablado de la causa (el vacío) y no del efecto (el silencio). Lo que quiere decir que es el místico, no el sabio, quien expresa su angustia. Porque, ¿dónde oír la palabra de dios en la inmensidad del vacío?. Poco a poco, esa desmesura del universo será percibida por un creciente número de individuos. Hoy se ha hecho evidente, pues todo el mundo ha podido ver fotos prodigiosas de galaxias y quásares, o los velos de nebulosas proyectadas al vacío por estrellas moribundas, mientras otras estrellas se disponen a nacer.

¿Qué es pues el hombre en el inmenso universo y cómo puede pretender conocerse a sí mismo?. ¿Cómo no reconocer que, desde Copérnico, las religiones y filosofías se pierden en un espacio que se ha hecho demasiado vasto para ellas y que ninguna revelación había dado pie a presentir?. ¿Qué conciencia puede considerarse indemne de esta herida, si no es por encontrarse aletargada a causa de la somnolencia?.


Sed sabios, convertíos en profetas. Georges Charpak y Roland Omnès.

¿Tu lengua es tu conciencia?

Desde la antropología lingüística, según Benjamin Whorf:

Las formas de pensamiento de una persona estan controladas por leyes inexorables, constituyendo modelos de los que es totalmente inconsciente. Estos modelos consisten en las no percibidas e intrincadas sistematizaciones de su própio lenguaje, lo cual se muestra claramente por la comparación y contraste con otras lenguas, especialmente aquellas que pertenecen a una família lingüística diferente. Su forma de pensamiento esta en una lengua y cada lengua es un enorme sistema de modelos, diferentes de otros, en los que se encuentran culturalmente ordenadas las formas y categorías por las cuales la personalidad no sólo comunica, sino que también analiza la naturaleza, recoge o ignora tipos de relaciones y fenómenos, canaliza su razonamiento y construye el edificio de su conciencia.

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