La bondad última de Vicente Ferrer


La humanidad de todo hombre ha de ser juzgada por sus actos y por su valor ante las tempestades del mundo. La vida puede ser entendida como un viaje a lo desconocido, hostil y sorprendente. Vivimos en un mundo tan grande -y a la par, insignificante- como pueden serlo nuestros sueños y esperanzas. ¿Quién puede ser capaz de, al compás de las amenazas y retos que presenta la gran odisea, ponerse a la altura de las circunstancias en cada momento, en cada nueva salida del sol y en cada época?. ¿Y ser capaz de elevarse por encima de esas mismas tempestades para erigirse en héroe absoluto, en un ser humano de acción, de improvisación al ritmo de la existencia?. La vida puede ser dura. Y más el corazón humano. Pero hay formas de hacer guerra que nacen desde la sensibilidad, el valor y la más astuta de las intuiciones. No hay nada peor en este mundo que encasillarse en lo supuestamente inevitable y aceptar el sistema tal como es. El devenir del mundo podemos dictarlo, todos, en cada instante conscientes de todo lo que se puede ganar o perder.
Existe en este planeta un hombre admirable por demostrar el poder de la acción sobre el mundo y sus retos: Vicente Ferrer, caballero de lo divino y un espejo en el que pueden contemplarse todos aquellos que quieran ser...no héroes, tan solo humanos, hombres o mujeres que han sabido conectar con ese "algo" superior que duerme en lo profundo del alma. Hoy tengo el gusto de re-editar en este blog un pequeño artículo que escribí hace unos cuantos años y que ahora cabe revisar con motivo del fallecimiento de Vicente. Se lo dedico al mismo Vicente Ferrer o a todo aquel que sea capaz de entender, escuchar...actuar.
"Hacía pocos días que el "Father" Ferrer llegaba a Anantapur tras vivir las tribulaciones de la persecución y el exilio perpetrados por los políticos, periodistas y sumos sacerdotes del hinduismo radical y nacionalista. Éstos eran conscientes y sabedores de que la labor de Ferrer ridiculizaba el presunto poder de unos y relegaba a segundos planos las intenciones de revolución política de otros. Las arcas estaban vacías, las ayudas no llegarían de momento y sus conocidos le aconsejaban que no se metiera en más líos. Encontró una casa medio construida, vacía de todo. O no. Al entrar en la habitación, vio un cartel sobre el cual se había escrito: "ESPERA UN MILAGRO". Nunca supo quién escribió aquello allí. Lo que sí sabía es que era un mensaje de la Providencia. ¿Existe la Providencia? Él siempre la tuvo a su lado.
Su padre, nativo del Real de Gandia, que se ganaba la vida como comerciante, viajó hasta Cuba y al regreso conoció a Teresa Banyuls. Tras laborar en diferentes negocios, se dedicó a la venta de frutas, y se trasladaron a Cataluña, primero en Barcelona, y luego en Calella de Mar: "En las bandas callejeras, observábamos un código de honor parecido al de los libros de caballerías. En contraste, descubría la espiritualidad bajo las bóvedas de la catedral". Ferrer creció en las calles, entre juegos junto a las chavales, y las ayudas esporádicas a su padre. Él era el hijo del frutero y lideró la pandilla con la que jugaba a las chapas, a llamar a los timbres y salir corriendo, y romper farolas con tirachinas. Y también la lucha callejera. Una infancia como la de los demás. Un profesor de música que tenía la escuela enfrente de la catedral descubre las dotes vocales de Vicente. Ingresa en el coro de la catedral y llega a ser solista. Allí, rodeado por el ambiente místico de la catedral, se operará en él una metamorfosis interna. Poco a poco, se olvidaría de las peleas y de dar patadas al balón. Sus percepciones se amplían y se abren puertas hacia el interior de su espíritu. Empieza a aislarse de sus amigos, y frecuenta lugares más recónditos que arropen su necesidad de introspección. Se le ve ensimismado bajo un sauce, contemplando el vuelo de un pájaro o la estructura de una hoja. Se pregunta dónde está la divinidad. Los compañeros del barrio dicen de él que está 'alelado'. Lee todo lo que cae en sus manos, y una obra le conmueve en especial. Se titula "La historia del bien y del mal", escrito, le dicen, por un ateo. Por aquel entonces, Dios dejó de existir para él.
Se acerca la gran confrontación civil en España. Vicente es testigo de la sangrante radicalización de las 'Dos Españas' y siente simpatía por las convergencias de signo anarquista. Por temor a los bombardeos su família se traslada a Calella, y él se alista en el ejército republicano, jovencísimo, en la llamada "Quinta del biberón". La Guerra Civil le conduciría hacia la gran revelación de su vida. La guerra, como circunstancia clave para la evolución decisiva: "Vi de repente una noche oscurísima, que llenaba todo el Universo, y allá lejos una pequeñísima luz. Sin estar escrita incluía la orden ineludible de escoger entre las dos [oscuridad y luz]. El resultado práctico fue que se me quedó para siempre la convicción inconmovible de que Dios es". Pasó del ateísmo a una fe pura que sería la llama inspiradora de sus futuros grandes logros. Tras sucesivas peripecias como soldado de la "Quinta del biberón", le tocó residencia en un cuartel general. Las buenas relaciones con sus superiores evitaron que el encubrimiento de uno de sus compañeros le costara su libertad.
En esta época empieza a mostrar un carácter subversivo, y un cierto magnetismo personal que le hará merecedor de un trato especial por parte de los altos mandatarios. Pero la llamada de lo sagrado se había instalado ya como eje de sus anhelos profundos: "Las noches de verano sentado frente al mar en lo alto de un acantilado pasaba horas y horas mirando un cielo refulgente, constelado de estrellas... interrogándolo. Intuía que mi vida iba a seguir por nuevos derroteros. El heroísmo de los santos, mi lectura preferida, me mostraba el camino a seguir. Una y otra vez me repetía: 'Si san Francisco Javier ha hecho esto, si santo Domingo lo otro, si santa Teresa... si Ramón Llul, en estas mismas islas fue capaz... yo también quiero acometer grandes y difíciles empresas, ser caballero de lo divino'.
Ingresa en la Orden de San Ignacio de Loyola, la Compañía de Jesús. El monasterio de Veruela es el templo testigo de sus primeras andanzas de monje austero y sacrificado. Penitencia, recogimiento, autoflagelación. Estudia griego y latín, filosofía, teología. Tiene 24 años. Cuando regresa a Barcelona para terminar los estudios de filosofía, empieza a visitar los barrios más pobres de la ciudad como misionero catequista. Su preferido es el barrio más duro e inhóspito, el Somorrostro, en la ladera de la montaña de Montjuic. Es una guarida de gitanos y gente de mala vida. Vicente se relaciona con ellos, se introduce en su mundo intentando ser uno de ellos para poder tener la oportunidad, en la circunstancia adecuada, de sembrar una semilla, un sentido o una idea de fraternidad y comprensión. En este recoveco de su vida empieza a aprender el lenguaje de los pobres, sus necesidades, sus vacuidades y el modo de encender los espíritus.
Hacía ya tiempo que la idea de viajar a la India rondaba en su cabeza. Al fin, le concedieron el permiso como misionero evangelizador. Cuando contempla por primera vez la imagen de Bombay acercándose poco a poco a su vista, dice para sus adentros: "Gracias señor, por otorgarme esta tierra de promisión, mi nueva patria". Vicente Ferrer siente la misma fascinación por la India que han sentido tantos aventureros, intelectuales y artistas a lo largo del siglo XX. Siente que ha entrado en otra galaxia, le apabulla la muchedumbre y su inmenso respeto por la vida humana y animal. No ve a los salvajes por ninguna parte, sólo a gentes que se aferran a la vida como pueden, guiados por un sentido de la hospitalidad y la cooperación que se convierte en una auténtica lección para el cristiano de occidente.


La India rural, lejos de las ciudades y las instituciones políticas, será el espacio de acción donde se condensará su auténtica labor misionera. Las gentes que encuentra allí son abiertas y afectuosas pero sumidas en la más mísera pobreza. Son tierras áridas, no hay posibilidad de cultivar alimentos, la sequía es permanente. Aun así, Vicente, que cree más en la acción transformadora que en la oración y la devoción pasiva, tiene una imagen distinta en su mente de lo que podría ser un paisaje lleno de recursos y posibilidades. Manmat, Anantapur. Estos parajes eran considerados por los geólogos como zonas muertas sin remedio y aconsejaron al gobierno indio que ordenara la evacuación de todas las gentes, o morirían de hambre y sed. Vicente Ferrer hizo realidad algo que parecía imposible. Luchó contra las instituciones religiosas y políticas para conseguir fondos que permitieran crear la infraestructura necesaria: pozos, bombas de agua, presas, embalses... . Sus enfrentamientos con las autoridades fueron frecuentes, y se vio obligado a vivir al límite, sin recursos para llevar a cabo tamaña empresa. Las campañas de educación dirigidas a las gentes de estos pueblos fueron esenciales. Vicente les hizo ver que la cooperación aportaba beneficios a todos y que la clave está en dar porque aquel que da recibe y el que no comparte lo que tiene acaba quedándose solo. Vicente, pues, creó un sistema de economía solidaria. Con el paso del tiempo aquellas tierras y poblados se convertirían en un oasis lleno de verdor y cultivos que daba alimentos más que suficientes a las antaño desnutridas gentes.
El milagro se había hecho realidad sólo con la fuerza de la voluntad, la inteligencia y la fe en el desarrollo integral del cual Vicente Ferrer sería pionero. Sin embargo, el éxito supondría para él el exilio por orden del gobierno hindú, presionado por ciertos sectores de la política y el fundamentalismo religioso, envidiosos ante los logros de Vicente, pues éste se había convertido en un líder para el pueblo hindú. Lo exiliaron porque demostró rotundamente a la Humanidad que un hombre con su amor y voluntad, su comprensión de la gente y las cosas de su entorno podía lograr lo que los políticos siempre venden en sus campañas pero nunca consiguen. Demostró, en definitiva, que la política pervierte los asuntos cívicos, sea del signo que sea.
Durante el exilio hubo manifestaciones en la India a favor de la repatriación del "Father" Ferrer, contando con el apoyo de Indira Gandhi. Entretanto el gobierno indio hacía el ridículo intentando justificar el exilio de Ferrer. De este exilio nació una fundación humanitaria creada por él: Acción Fraterna en el Mundo. Dio conferencias en Madrid. La gente quedaba hipnotizada ante el tono pausado y elocuente de su discurso y la profundidad de sus palabras: "¡La teología no son los libros sino la vida! Pasó un hombre herido. Dejaba tras sí un reguero de sangre. Yo vislumbré, en aquella sangre derramada, algo tan esencial como que la Humanidad es una. Estamos divididos por infinitas razones. Naciones, lenguas, razas, ideologías... Todo parece separarnos, pero es un falso espejismo. Supongamos que sigo aquella corriente de sangre que fluye, a través de los siglos, de generación en generación. La sangre de aquel hombre fluye a través de otro hombre y de otro... .Aquella sangre se extiende de norte a sur y de este a oeste, por toda la Tierra, como un mar en el que estamos todos inmersos. ¿Cómo podemos entonces decir que somos diferentes si toda la Humanidad participa en esta misma corriente que nos une y nos hace uno? Nosotros hemos sufrido con aquellos que sufrieron en generaciones pasadas y hemos sido también felices con aquellos que lo fueron. Por eso me siento responsable."


Su visión mística y unitaria del mundo puede ser discutible pero no se puede negar un gran esfuerzo emocional e intelectual por reconciliar a la Humanidad consigo misma. "No quiero que la gente me admire, no necesito que me comprendan. Ni siquiera que estén de acuerdo conmigo, en mi forma de ver las cosas. Sólo necesito que me ayuden. Hay pedigüeños que disfrazan las cosas con ideas. Yo no tengo ideas... sólo necesito que cien mil españoles se sientan hombres, hermanos, se pongan en marcha y ayuden". En declaraciones al periódico ABC, fue rotundo y espectacular. "Supongo que ustedes preferirían un diálogo con un gran político que les anunciara que se ha iniciado una guerra, o que se ha firmado la paz. Yo vengo a anunciarles algo muy parecido. Porque hemos declarado la guerra al dolor y al sufrimiento y hemos firmado un compromiso de paz: contribuir a la fraternidad entre las naciones y los hombres”.
Antes de regresar del exilio, sería nominado al nobel de la paz y a la vez recibió el reconocimiento de intelectuales y gobernantes dentro y fuera de la India. Sentía que a partir de ese momento su labor era llegar hasta las zonas rurales más deprimidas y continuar divulgando y ejecutando sus proyectos de desarrollo integral. Anantapur sería el siguiente objetivo. Y el milagro se produjo. Siempre se producía un milagro en el momento justo. Anne Perry, una joven hippy a la que conoció en una entrevista, se convertiría en ayudante y cómplice inseparable a lo largo de su cruzada idealista “ contra los molinos”. En ésta misma época, Vicente deja de formar parte de la compañía de Jesús. Anne Perry se convertirá en su esposa, con la cual tendrá varios hijos.
Desde entonces hasta hoy, la vida y obra de Vicente Ferrer ha proseguido siempre en evolución pero siempre acechada por momentos de infortunio y escasez de recursos para poder hacer realidad cada uno de sus proyectos. Pero en esas situaciones extremas, que para él eran una oportunidad de resurrección, es donde la vida le reveló que existe una especie de mano invisible que manipula nuestros destinos y “ sostiene” al hombre de fe y voluntad. Como la ocasión aquella de aquel motero hippy venido de Europa que le hizo una donación cuantiosa justo cuando se encontraba con el problema de no disponer de financiación alguna. Incluso Sai Baba, el avatar multimillonario, estuvo generoso con él cuando lo necesitó. Desde aquellas tierras rurales hindúes fue testigo del desfile de una serie de “locos del mundo” a los que conoció y supo de todas las extravagancias que el hombre posee: un grupo de hombres que se creían los doce apóstoles, un tipejo que decía ser un extraterrestre, eunucos, jainistas... El festival de la vida que no se detiene, igual que la renovación de ideas e ilusiones.
En la etapa crepuscular de la vida de un hombre, cada cual saca sus propias conclusiones sobre el misterio de la vida.
Vicente Ferrer ha tenido sus ojos abiertos ante los sucesos del devenir y define magistralmente su propio pedacito de la verdad:
“ Descubrí la providencia poco a poco, pues fuí ciego durante largos años. Ahora comprendo las jugadas que me hizo sin que me diera cuenta. ¿A santo de qué se las arregló para que marchara a la India?. Primero me lo metió en la cabeza. Después empleó sus artimañas para que me eligieran. Y como le gusta viajar se fue a Gran Bretaña y lo organizó todo para que la señorita Anne acabara primero en Bombay y después en Anantapur. Lo increible del caso es que hubiese encontrado a la persona que reunía al cien por cien las cualidades que serían imprescindibles para el futuro... ya que Anne iba a ser la clave de ese futuro”.
“ La vida es como un tapiz que con tus actos vas tejiendo día a día. Al final te gustará o no, pero tu solo ves una cara del tapiz. Si le das la vuelta te encontrarás con que una mano invisible ha repetido por detrás las mismas hiladas pero lo ha hecho con hilos de oro. Dios no piensa como los hombres piensan.”
“ Sospecho que hay alguien escondido que si pudiera hablar explicaría todas las tramas y conexiones que en esta vida son obra de la providencia ... Yo me pregunto todavía cómo es posible que justo la noche en la que se estaban tomando decisiones muy graves nos sorprendiera la madrugada con una voz hablando en castellano desde una radio lejana:” Aquí radio Pekín... La orquesta filarmónica les interpreta “La Aurora de una mañana feliz”. Parece un cuento de hadas . ¿Y cómo se explica que encuentre en un cuarto totalmente vacío unas palabras que rezan: Espera un milagro. ¡Que barbaridad!.”
“ Por tanto, lo único que certifico es que esa providencia existe. Y cuando me preguntan ¿cree usted en el cielo?, respondo; si Dios quiere el cielo yo también. Y lo mismo digo con el infierno o con el Karma, la reencarnación... Si Dios lo quiere yo también y si no lo quiere yo tampoco. Se trata, a fin de cuentas, de una entrega sin límites a la bondad última. Es entonces cuando todo se ordena en sí mismo y la paz se establece en toda la vida."








