miércoles, septiembre 28, 2005

Juegos de verano

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Anoche fui entrando en sueño con esta película de Ingmar Bergman. No lo digo con socarronería - y mira que suele tacharse a dicho autor de soporífero, sobre todo lo dirán las almas insensibles, digo yo - , fue una experiencia lenta, como el mismo film, en la que poco a poco fui penetrando en un estado de profunda reflexión. Y pensé para mis adentros, inspirado por el dolor de Mary: ¿es que la vida no tiene sentido?. Me dije, “no”. Realmente la vida no tiene un sentido más allá de su significado intrínseco. En todo caso, cada uno de nosotros construye un sentido, a la medida, supongo, de sus posibilidades...y de lo que cree que puede llegar a ser el hecho de darse un breve paseo por este mundo cruel, bello, poético, brusco, insensato hasta en sus luces que se hacen visibles en ciertos recodos del camino.

Ya me estoy yendo a la filosofía y quería hablar un poco del film. Me encantó pero no soy el más indicado para meterme a destriparlo. En los últimos instantes, Mary - la protagonista - se mira en el espejo luchando contra su imagen - o contra lo que la imagen remueve en su conciencia - y en última instancia decide creerse feliz. Como la vida misma; ver que tras el dolor hay un margen para una sonrisa curativa. Y que tras la aparente felicidad podemos descubrir, horrorizados, que por dentro estamos cagados de miedo, que somos vulnerables, perdidos en el sueño de la vida. Y que los momentos de amor compartido pueden derivar -con un susurro del viento - en un silencio aterrador. “Juegos de verano”, habla de todo eso y mucho más. La espléndida fotografía en blanco y negro (a destacar esos paisajes idílicos donde Mary juega al amor entre olas y arbustos) y la precisión del retrato psicológico hacen que la historia, en cada plano, en cada palabra y gesto de los personajes, implique profundamente a todo espectador sensitivo.

domingo, septiembre 25, 2005

Un relato corto

EL HIJO DE LAS OLAS

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Eran las tres de la tarde, después de la última clase en el instituto. Esperé a la entrada del hall hasta que mi amigo terminó de charlar con algunos compañeros. Me sentía algo irritado, la jornada había sido tediosa y no conseguí satisfacer mi hambre inherente, esa que nunca consigo identificar pero siempre me espera en todos los rincones de mi vida. A veces, el viejo edificio con sus muros pintados de azul y sus persianas agujereadas se me antojaba un tanatorio de reclusión para enfermos de vagancia e insipidez. Mi vida no era insípida, pero el mundo que me rodeaba hacía el papel de sórdido ambiente inmaduro, incoloreado y vacuo. Solo quedaba la escapada. Por eso, cada dia a las tres esperaba junto al hall para despedirme de la rutina, de los compañeros y de toda la entrañable gama de visiones, de perfiles que provocaban hilaridad y, también, de vez en cuando, espejos de ternura que solo yo podía percibir. Y sobretodo el hambre a dos bandas. El estómago refunfuñaba tras cuatro horas sin tomar bocado y el alma pedía algo indefinido, sutil, pero doloroso.
Mi amigo, el “grandullón”, vino hacia mi caminando a grandes zancadas con una expresión indiferente en su rostro. Me hizo un gesto y nos largamos de allí. Pronto, me preguntó:
- ¿Hoy vienes hasta mi casa?-
- Sí, necesito estirarme y divagar un poco contigo. Joder, hoy he tenido un dia de plomo-
- ¿A qué te refieres?-
- Nada, que me cansa tener a tanto capullo a mi alrededor. No me he enterado de la mitad de clases con los gritos y las chorradas de la profe-
- Psé, es lo de siempre. Por lo menos te echas unas risas con ellos-
Miré a mi alrededor, el gran paseo que conducía recto hasta las afueras de la ciudad, grupitos de chavales con sus mochilas y sus ademanes y el viejo lotero que siempre me cantaba al oído su monserga de la buena suerte. Por un instante miré al cielo y vi nubes dibujando algo. El ambiente cálido estimulaba la imaginación.
-Lo de siempre, sí, pero yo necesito echarme a volar y olvidar a todos los mierdillas-
- Ya te estas poniendo gruñón. Olvídalo, ¿quieres?-.
Le miré despectivo y a continuación le dije con un moderado tono sarcástico:
- No puedo olvidar que allá fuera, lejos de esta ciudad y de esta tierra, hay otras alternativas a descubrir. ¿No te cansa la gente y su rutina?. Por favor, amigo, comparte mi ansiedad-.
- No me vengas ahora con tus delirios, tengo hambre y solo quiero descansar , comer y echar una siesta-.
Puse mi brazo sobre el hombro de el grandullón ,sin orgullo y con un afecto espontáneo, contemplé su rostro de perfil y el brillo de sus grandes ojos verdes. Apreté su hombro derecho, le mire fijamente y le dije con sorna:
- Yo tendría que haber sido hijo tuyo, amigo mío-
- ¿Pero qué chorradas dices?- me replicó, un tanto molesto y escandalizado.
No contesté, me quedé callado, le dirigí una sonrisa burlona y miré de nuevo hacia el cielo. Allá arriba podía entenderme a mi mismo. Yo tenía padres, pero era huérfano. Nací con algo clavado en mi alma. O, en otro caso, nunca lo supe, con la ausencia de un pedazo de alma arrancada. Quizá alguien me robó ese pedazo cuando era un bebé, en el centro de la inocencia más absoluta, dejándome desprotegido, a la deriva. Y, por eso, siempre hambriento, buscando algo más que oxígeno y materia bruta. Ese pedazo que me faltaba, me producía una nostalgia o una melancolía dulce, lúdica y sombría a la vez. Ambas, nostalgia y melancolía, se entremezclaban nublando mi visión, creando un misterio a cada paso que avanzaba, a cada nueva resolución. Dado que nací huérfano y con parte de mi alma despedazada, siempre fui distinto. Mi vida era dulce pero en mis paisajes interiores se desataban tormentas. Tormentas como la que aquel dia tuvo lugar en el interior del viejo instituto. A la salida y junto a mi amigo, intentaba disipar borrascas. Miraba al cielo, a mi amigo, a los paseantes desconocidos y al perfil de los callejones que nos salían al paso. Buscaba la respuesta y el origen, de forma estúpida y absurda.
No hubo mucho más. Yo y el grandullón charlamos durante unos diez minutos a la sombra de un árbol, en el parque que había cerca de su casa. Algunos recordatorios, una reflexión sobre un amigo común, unas pocas risas por la pedantería de la profe de Geografía. Me despedí, tenía hambre y la parada del autobús me pillaba algo lejos. Cuando ya estábamos a cierta distancia, me dijo:
- Espero que mañana sea un dia diferente-.
- Todos los días son nuevos. Son ellos los que van envejeciendo-. respondí con vehemencia.
Tras el último gesto del grandullón, me despedí definitivamente e inicié el camino en busca de comida y consuelo.



El piso donde yo vivía estaba en la playa, en un bloque de apartamentos frente al mar. Hacía año y medio que nos trasladamos desde la ciudad a la costa, por imperativos económicos. Todos las tardes de Lunes a Viernes hacía mi periplo en autobús para llegar hasta allá, en un transporte destartalado, de un azul mortecino y motores renqueantes . Aquel dia ,marcado por la inquietud de mi alma,el trayecto semejaba un viaje inhóspito por el desierto, en busca del destino, de la nueva rutina, de alguien que encontrara las respuestas. Dejaba perder mi vista en los paisajes que se veían a través de los ventanales. Yo pensaba en lo feliz que era, a pesar de todo. Grandes extensiones de campo y casitas unifamiliares bajo un cielo azul y un horizonte puro e infinito, más allá del borde trazado en el perfil de los montes que adornaban, cada dia, la hora del ocaso. Dibujos, esencias y perfiles de mi mundo y de mi gente. Toda una amalgama a la que mis ojos dotaban de un lirismo profundo, el verdadero hogar, la patria de mis sentidos. Yo estaba vivo y formaba parte de la épica del paisaje. Aquel era el primer consuelo antes de llenar el estómago.

Bajé del autobús y comencé a andar hacia la puerta principal. Una vez dentro me salió al paso la vieja comadrona y el viejo bonachón, ambos de sonrisas fugaces. Subí las escaleras hasta mi piso. Nadie en casa y la comida esperando en la nevera. Comí con gusto, con ese gusto que solo tiene oportunidad de ser cuando la soledad me acompaña y el televisor esta apagado. Después de la comida prolongué el disfrute de estar solo en casa. Caminé por el pasillo, deteniéndome a observar las habitaciones vacías y el hermético silencio que emanaban. En tales instantes, toda la fuerza y la singularidad de mi vida se concentraba en un reducido espacio y el velo parecía levantarse para mostrarme las conjuras de mi espíritu. La verdad la tenía allí mismo, en el silencio de la casa vacía. ¿Cuándo llegarían mis padres?.Desgarradamente, deseé que no volvieran en todo el dia.
Entré en mi habitación y me quedé sentado en la cama, mirando al techo y embriagándome con el baile de las motas de polvo que brillaban con los rayos solares. Frente a mi, la guitarra española apoyada en el armario. Podía tocar algunas notas. Pereza del alma. Hojas, papeles, viejas y eternas canciones allí escritas, para tararearlas y levantar el ánimo. En otro rincón, los viejos roqueros me espiaban desde las cintas magnéticas. Los primeros sueños de la adolescencia allí concentrados a mi alrededor. Todo era sueño y frustración, felicidad y dolor que se confundían entre las sensaciones provocadas por el arte. En el centro de mi habitación, mi mente, con desespero, intentaba reconciliarlo todo. Buscaba el camino para huir, ser en el esplendor del aislamiento. Buscaba, ahora lo sé, mi primera gran metamorfosis.
Pasaban las horas y nadie llegaba a casa. El reloj indicaba las seis y media.De repente, mi soledad empezó a desbordarme. Cogí papel y bolígrafo. Escribí algo. Estaba temblando por dentro. El trazado del bolígrafo desgarró el papel. Lo escrito, supongo, era algo indescifrable. Eran demasiadas las cosas que necesitaban emerger al mundo. Necesitaba expresarme y decirles a todos que mi deber era irme muy lejos. Me acordé del grandullón. Él lo merecía más que nadie. Pero el pavor se apoderó de mi y arrojé al suelo el papel y el bolígrafo. Ya no veía motas de polvo, eran fogatas que me abrasaban. Pronto me di cuenta que tenia los ojos en lágrimas. Parecía que el dolor y el resentimiento acumulados brotaban como un sarpullido desintoxicador. Todas las llamaradas de fuego que flotaban en la habitación se colocaron a la altura de mi estómago, penetrando en él. El dolor hizo que el cuerpo se colocara en posición fetal. Me quedé allí, llorando y soportando un fuego que abrasaba mis entrañas. Todo el rechazo vivido desde el primero de mis días cobrababa forma. Allí dentro de mi estómago, algo empezó a gestarse. Y pronto empecé a dar alaridos. Una voz clamaba derrumbando,en apocalíptico despertar, el silencio de las habitaciones: “No tengo padres, no tengo padres, soy huérfano, estoy solo, no tengo amigos, estoy solo, soy huérfano, soy huérfano”. Supe que estaba solo y que nunca tuve nada. No era hijo de nadie. Todo era neblina. Soportando a mi ardiente interior, me levanté de la cama y avancé hasta el pasillo.Y luego a la cocina. Cogí un vaso de agua y lo destrocé lanzándolo contra la pared. Luego fui al baño. Me miré en el espejo. Los ojos. No tenía ojos, solo dos formas ovales empañadas, casi borradas por las lágrimas. Y el alma continuaba ardiendo en mi estómago. No podía seguir en el interior de aquel piso. Todo podía estallar en cualquier momento. Cogí las llaves y salí a la calle.
Cuando bajé a la acera, me quedé pensando. Sólo existía una mano amiga, solo podía dirigirme hacia un sitio. Allí estaba la mar, esperándome. Caminé hacia la arena buscando el único límite: la orilla. Yo avanzaba siguiendo su senda mientras las olas morían junto a mi. Cuanto más avanzaba a lo largo de aquella orilla y más olas desaparecían entre las espumas y el olor del salitre, menos lágrimas brotaban de mis ojos. Al llegar al final de la playa, donde ya no habían más edificios que me ocultaran la visión del horizonte, me vi envuelto de un paraíso de dunas, cielo crepuscular y olor a mar. Me quedé quieto, intentando ver toda su magia y su belleza. El dolor de mis entrañas y las lágrimas remitían apresuradamente. Silencio absoluto. Ningún alma se veia a aquellas horas en tan bello paraje. Tantas veces había estado allí y no me había dado cuenta. Aquello era mi verdadero hogar. De repente, de forma brusca, volví mi cabeza en dirección al mar. Había oído una llamada de algo o alguien, venía de aquella dirección. Yo miraba y buscaba. Solo se veía el gran mar y las olas acercándose, rompiendo y muriendo a mis pies. Vi un ave marina surcando los vientos y planeando sobre las aguas. ¿Era ella?. Entonces comprendí el origen de la llamada. Era la mar. Me saludaba alzando sus olas y secando mis lágrimas con cada racha de brisa marina. El dolor en mis entrañas había desaparecido definitivamente. Pero algo se removía en mi interior. Algo se había gestado y quería nacer. Sentí que mi cuerpo se hacía pedazos mientras ese algo brotaba desde mi estómago. Las olas eran cada vez más altas y me llamaban con mayor furia. Y todo volvió a comenzar. La oscuridad del resentimiento se hizo luz y fragancia. De mi estómago brotaron alas, ¡alas!, eso era lo que había estado gestándose y emergiendo dentro de mi. Vi brotar mis alas. Se expandían a mi alrededor moviéndose para demostrar su poder y su euforia. Yo podía volar,¡dios!, ¡al fin podía volar!. Ahora, todo había sido un mal sueño. Mi vida empezaba de nuevo.
Mientras movía con alegría mis alas para dar el primer vuelo, un huracán se desató en aquel paraíso de dunas enmarcado en la rojiza y tenue luz del crepúsculo. Muy pocos lo sabían, pero una nueva forma de vida estaba a punto de nacer. Me elevé hacia las alturas y estiré mis alas con un bramido de felicidad. Desde los altavoces del cielo y de la tierra sonaba una música épica, grandilocuente y estremecedora. Solo la mano de dios pudo crear esas melodías. A continuación, seguí la llamada de la mar y sus olas y volé hacia ellas, mientras me abrían su seno esperando al nuevo hijo. Avancé lentamente hacia las olas hasta rozar sus aguas, zambulléndome en aquella inmensidad que me aguardaba. Dejé de ser un hombre con alas. Me hice todo de mar.Y,en un marco temporal que solo puede ser entendido desde el infinito, resurgí de sus olas, dejándome libre como una madre que envía a su hijo a cumplir con su destino. Volví a casa paseando tranquilamente y disfrutando de mi nueva paz. Mi madre preparaba la cena y mi padre esperaba para ver el partido de fútbol. La vida seguía igual. La cena fue estupenda. Me acosté muy pronto, a eso de las diez, con todas las heridas curadas. Nunca sentí un amor y compasión tan grandes hacia mis padres como aquella noche en la oscuridad de mi habitación. Dormí profundamente. Las olas del mar, allá en mis sueños, me dieron las primeras lecciones para iniciar la gran guerra y la gran búsqueda.

Al dia siguiente a las tres de la tarde, esperé al grandullón a la salida del hall. Tuvimos una sosegada conversación. Me dijo que el dia había sido distinto. Yo le repliqué que toda la vida es distinta. Puse mi mano en su hombro derecho y le dije con aprecio infinito:
- Tenemos un largo camino por recorrer. Ahora se porque tantos jóvenes envejecen y porque tantos viejos parecen jóvenes-.
-¿Estas de coña?-.
- No, solo era un comentario muy serio-.

Nos despedimos, otra vez, cada uno hacia su casa. Lo vi alejarse y me alegré pensando en la gran aventura que nos aguardaba. Y también a todos aquellos que aprendieron a tener alas y un mar que contemplar.

viernes, septiembre 23, 2005

Juan Ramón y el secreto

Pasearse por la vida con gozo no depende de conceptos abstractos, ni tampoco es el resultado de la elaboración de una filosofía personal y sofisticada. Sabemos que el mundo existe porque lo percibimos. Y, de esta manera, nos relacionamos con él. Creo que no es más feliz quien más tiene o más logros va sumando en el batallar cotidiano. Es más feliz quien más percibe, quien se deja embriagar por las formas y los destellos del mundo. La misma realidad es la droga más dura, la experiencia que te abre el corazón y te quema las entrañas. No hay tregua, no existe margen para el tedio. Sufrir y reír, gozar, deleitarse en el asombro. Todo el mundo es un paseo surrealista, no hace falta -no siempre -recurrir a la fantasía.
Que hable Juan Ramón, él conoció el secreto:



Para sentir los dolores
de las tardes, es preciso
tener en el corazón
fragilidades de lirios...

estar lleno de fragancias
tristes y de llantos íntimos,
tener gestos de mujer,
melancolías de niño;

Saber que el pesar, la música,
el amor..., todo es idilio
de almas y de labios..., y
saber hacerse el idílico.

Haber tenido luceros
en las manos, y rocío
en el corazón, y ser
todo de romanticismo;

Amar los dulces espejos,
los oros claros, los visos
de las almas de las cosas,
los parques entristecidos

a través de las rosadas
muselinas..., y sentirlo
todo como una mujer
triste y frágil como un lirio.

Mirar bien al horizonte,
extasiarse en lo indeciso,
tener orgullo, tener
desdenes suaves y místicos...

Pero sufrir siempre el rosa,
sufrir el llanto sombrío
de la fuente abandonada...
sufrirlo y querer sufrirlo.

Y hasta dejarse morir
de pena, morir de frío,
morir de penumbra, o
de color, o de lirismo...

Dar toda la vida al alma
hacerse el gris..., y sentirlo
todo como una mujer
triste y frágil como un lirio.


De “Jardines dolientes”, Juan Ramón Jiménez.

Ya sabes, hermano, atrévete a ser sensible, se triste y frágil como un lirio, se mujer y hombre, bébete toda la realidad mientras lloras o ríes. Es fiesta -en tu mente - y ahí afuera hay un gran espectáculo.

miércoles, septiembre 21, 2005

El Otoño, al fin.

Por fin terminó el verano. Que ganas tenía. Ciertamente, la estación veraniega siempre acaba siendo empalagosa, con el calor y las muchedumbres que se agolpan en la costa para disfrutar de sus dichosas vacaciones. Y es que, los que vivimos en el litoral y hacemos caja con el turismo somos los primeros en sufrir sus efectos nocivos: suciedad, ruido e irritación. No voy a decir a qué es debida la irritación.

Los turistas son una plaga, eso no me lo aguanto, y mejor nos iría si empezáramos a pensar en nuevos modelos de desarrollo para poder quitarnos de encima el mochuelo. Pero ese tema lo dejo para otro dia. Posted by Picasa

Decía que me alegra el fin del verano. Sobretodo por lo que viene, el Otoño. El Otoño sirve para renovarse y crear nuevas esperanzas,culminar proyectos frustrados o que se habían quedado arrinconados por la inercia que me arrastra, esa quimera emocional y sensitiva que me impide la concentración en labores más indispensables. Tengo un libro que terminar y asignaturas que las llevo arrastrando durante tres cursos. Para este més de Septiembre tenía planeado unos cuantos viajes, un poco de aventura, coger el saco de dormir, cuatro perras en la cartera...y al viento. Pero nada, los dos cacharros que teníamos disponibles hasta hace un par de semanas se han averiado. Hay que ver, cuando la providencia va en contra ya puedes meterte las ganas donde puedas, toca joderse y esperar tiempos mejores. Me queda, pues, este Otoño que comienza, siempre mágico y sensual (debo ser de las pocas personas que les gusta la era otoñal). Me quedan, también, los libros y el buen cine. Hoy he visto la película esa de prostitutas, “Princesas”, que me ha parecido muy bienintencionada, pero te deja frío, no acaba de convencer. En la FNAC he comprado “La dolce vita”, de Fellini, película que nunca he visionado, y teniendo en cuenta su enorme trascendencia dentro del séptimo arte no podía dejarla pasar por un costo de siete euros escasos. Otra -que tampoco he visto -de Igmar Bergman me espera en mi deuvedeteca ( ¿se dice así?). Y para terminar un poema, bueno -como muchos otros - para empezar el Otoño. Uno de aquel poeta místico que expiraba versos regalando su visión del mundo:


FRAGMENTO DEL POEMA - CANTO A MI MISMO
del libro "Hojas de Hierba"

Me ha tocado en suerte, lo sé, lo mejor del tiempo y del espacio;
nunca he sido medido y no seré medido jamás.
El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia,
fuertes zapatos y un bastón cortado en el bosque,
en mi silla no sestean los amigos,
No tengo cátedra ni iglesia ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta,
a la biblioteca, a la bolsa, pero a cada uno de vosotros,
hombre o mujer, lo llevo a una cumbre.
Mi brazo izquierdo ciñe tu cintura,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.
Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
eres tú quien debe andarlo.
No queda lejos, está a tu alcance,
Quizá estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,
Quizá esté en todas partes, en mar y en tierra.
Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y
apresurémonos;
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.
Si te cansas, dame las dos cargas y apoya tu mano en mi
cadera,
Y a su debido tiempo me devolverás el mismo servicio,
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.
Esta mañana, antes del alba,
subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: Cuando abarquemos esos mundos, y el
conocimiento y el goce que encierran, ¿estaremos al fin hartos y
satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos
el camino.
Tú también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la
respuesta.
Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso
con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.
Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu
vida.
Demasiado tiempo has vadeado, asido a una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que
reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el
agua con tus cabellos.

Walt Whitman

domingo, septiembre 18, 2005

Hegemonia, identidad, diversidad

Leo, en estos últimos días, un libro titulado “Identidades vulnerables: estrategias contra la homogeneización”. El contenido de este libro surge de la inquietud ante la actual globalización, caracterizada por un hegemonismo económico, político y cultural que amenaza con suprimir la riqueza y diversidad de nuestro planeta tierra. El autor - Francesc Torralba, filósofo y teólogo catalán - fundamenta sus tesis en un concepto de las identidades colectivas (y los movimientos nacionalistas a los que dan pie) ajustado a las nuevas circunstancias y retos de la sociedad de inicios del siglo XXI, desechando viejas ideas románticas sobre el alma o la “pureza” de los pueblos.

Todos aquellos que hayan leído demasiado a Fernando Savater - apreciadísimo pensador, aunque servidor discrepa de él en muchos puntos referentes al problema de los nacionalismos - deberían leer a autores como el que ahora nos ocupa para fortalecer su idea con un contrapunto asentado en razones y argumentos derivados de las inquietudes de muchos colectivos ante la situación actual. El libro ha sido escrito y publicado en lengua catalana, ofrece unos puntos de vista muy discutibles -tanto o más como los de Savater - pero el autor hace un loable esfuerzo por conciliar e integrar posturas que abran el camino hacia nuevos marcos de comprensión. He extraído algunos párrafos significativos. Frente a la idea de identidad colectiva entendida como un arcaico sentimiento o síndrome identitario ligado al territorio, dice el susodicho autor desde su pensar nacionalista:
No creemos que nadie nazca predeterminado a ser español, cristiano o budista, sino que el yo tiene la capacidad para discernir críticamente a que identidad quiere pertenecer.[...]. Uno es catalán no por el hecho de haber nacido en Cataluña o en los países catalanes sino por su deseo de formar parte de esta identidad colectiva.
[...]
En cuarto lugar, no creemos que la identificación con una identidad colectiva tenga, como consecuencia, la reducción del yo a un epifenómeno de esa identidad. Hay muchas formas diferentes de pertenecer a una identidad colectiva.


Pero, ante todo, quiero subrayar el acierto de Torralba al definir el actual concepto de identidad colectiva (que es casi lo mismo que explicar el nacionalismo desde una óptica moderna y alejada de los trasnochados discursos románticos propios del siglo XIX) como una reacción ante el proceso homogeneizador actual.

Contrariamente a algunas de las falacias - comprensibles, si se quiere, pero falacias al fin y al cabo - de Fernando Savater, el cual define al nacionalismo como algo excluyente que persigue la “pureza étnica” y desestima al resto de colectividades (hago un paréntesis para decir que el hecho de que Savater esté sufriendo el acoso del fanatismo etarra no le da derecho a generalizar las locuras de unos pocos en detrimento de una mayor comprensión del problema), Torralba define muy bien el carácter de la mayoría de las personas que defienden su pertenencia a una identidad colectiva , sin excluir a nadie que no desee formar parte de la misma:

Partimos de una idea de identidad que es dinámica, narrativa, provisional, permeable, frágil y poliédrica. Al afirmar que es dinámica estamos diciendo que cambia a lo largo de la historia, que se transforma y altera. Cuando afirmamos que es provisional, estamos diciendo que los rasgos que la caracterizan no deben interpretarse fora temporis, sino inseridos en el tiempo , en la historia, lo cual significa que aquello que la define ahora pudiera no definirla en el futuro.
Cuando decimos que uno de los rasgos de la identidad colectiva es su permeabilidad, queremos decir que una identidad no es algo cerrado, sino una célula viva que establece relaciones con su exterior. Una identidad colectiva permeable interioriza elementos de otras identidades, las hace suyas, las recibe según su propia naturaleza, y no solo eso, también proyecta elementos propios hacia el exterior.
En palabras de José Barata Moura, la identidad verdadera, real, es siempre una identidad viva, entrelazada de diferencias en dialogo, en tensión, en conflicto: es la forma unificada de una multiplicidad estructurada y móvil. La momificación de aquello idéntico - tan característico de los enfoques tradicionalistas e integristas - no hace más que testimoniar su muerte.
Contrariamente a lo que piensan algunos críticos, las identidades colectivas no son entes homogéneos, sino realidades que incluyen dentro de si mismas la diferencia , la diversidad, la pluralidad de estilos de vida, de formas de pensar, de creer y de sentir.


En mi opinión se hace indispensable trazar nuevas vías y esquemas (nuevos y revolucionarios modelos de organización territorial inclusive) para salvaguardar los intereses y sentires de las diversas sensibilidades. El enfoque de Torralba, a mi juicio, no sólo complementa al de Savater, sino que lo supera por estar más inmiscuido en las verdaderas inquietudes de estos colectivos. Inquietudes que poco o nada tienen que ver con la exclusión, la imposición y el etnocentrismo. Son, más bien, una reacción ante modelos y culturas hegemónicas que pueden acabar disolviendo al resto, una búsqueda de un mayor equilibrio entre todas las partes que forman un estado o entre el conglomerado de identidades que coexisten en toda la esfera planetaria.

jueves, septiembre 15, 2005

Confrontación integrista (La misma mierda en distintas formas)

Siguiendo con el 11-S, hace años escribí algunas reflexiones sobre el nuevo panorama bélico abierto a raiz de la tragedia en Nueva York. Tales escritos fueron pensados para formar parte de un fanzine de espíritu contracultural que al final -o de momento- no llegó a publicarse. He releído el que ahora presento en mi blog. Salvo algunos apuntes guiados por la ingenuidad y un cierto candor voluntariamente resaltado, considero que esa era la percepción que algunos teníamos de todo lo que estaba pasando: la tragedia del ciudadano que mira con estupor los prolegómenos de una locura perpetrada por fanáticos religiosos disfrazados con trajes opuestos, pero iguales en el fondo, un mismo objeto falaz utilizado para vehicularlo a través del los mass-media. Este artículo habla, ante todo, de la soledad que sienten ciertos ciudadanos ante unos iconos de la vida política y cultural que en ningún modo ofrecen seguridad ni la posibilidad de apoyarse en un discurso con el que sentirse identificado.

Hay un aspecto que caracteriza la confrontación entre Bin Laden y G. Bush realmente llamativo y sugerente pero apenas señalado por los medios de comunicación en general. Se trata de esa batalla dialéctica a la cual asistimos durante varias semanas después a los atentados del 11-S y que tenia como eje temático dos, digamos, ideologías teocráticas contrapuestas cada cual más rancia y anacrónica para las agnósticas y laicas mentes de la gran mayoria de la sociedad occidental. Particularmente dos son las frases más reiteradas por este par de personajes y que muchos nos tragamos estupefactos: “DIOS BENDIGA AMERICA” por parte de Bush y “ALÁ ES GRANDE, ALÁ NOS PROTEJA” por parte de B.Laden. Estas dos frases ilustran perfectamente, de manera escueta y simple, dos concepciones religiosas distintas pero, ¡ojo!, una cosmovisión compartida en tanto en cuanto las dos sostienen sus principios y sus propósitos amparándose en la figura de un Dios personal, mediocre desde el punto de vista de las mas popularizadas ideas espirituales actuales ( cultura “Nueva Era”, neopaganismo, tendencias orientalistas ...) e institucional. En suma, una cosmovisión más afín a épocas medievales o a regímenes declaradamente fascistas que a los ideales y gigantescos retos a los que aspira la humanidad del siglo XXI. Esto que acabamos de señalar es una de las causas principales de la gran impopularidad tanto de Bush como de B. Laden ante la masa mundial y el protagonismo de ambos en la actualidad política mundial solo puede explicarse por la pleitesía que les rinden los medios de comunicación motivados por una estrategia necesaria para unos poderes fácticos que buscan la participación en la escena internacional de unas “cabezas de turco” que representen bandos opuestos sembradores de futuros conflictos y que ,además,les dan forma y legitimación. Visto así ni Bush ni B. Laden son en realidad las “fuerzas de poder” que determinen los acontecimientos actuales y futuros sino ,de facto, son los títeres financiados y “alimentados” por un poder real más o menos ambiguo. (Hace referencia al concepto aún negado por algunos pero absolutamente real y documentado del poder de las grandes corporaciones, poderes financieros e industriales que hoy en día tienen un control absoluto sobre los medios de comunicación, están más allá de nuestros sistemas democráticos y de las instituciones de cualquier tipo permitiéndoles determinar el destino de las naciones y los individuos según unos intereses materiales u ideológicos). Ello explica la imagen anacrónica y “cutre” que hemos visto por televisión ;el uno el perfecto representante de los intereses capitalistas, de la “american way of life”, con su traje y corbata, Sumo Sacerdote de la venerada Diosa Democracia. El otro, el señor Laden, todo un magnate y monstruo de la industria haciendo gala de anacoreta del desierto de Afganistán, disfrazado de santurrón mahometano y considerado por algunos ( ¡pobres ellos! ) como el Che Guevara de la lucha contra el imperio capitalista gobernado por sionistas y anglosajones de mierda. Visto desde el sentido común este panorama que acabamos de trazar es lamentable. El ciudadano de a pie no puede sentirse identificado con ninguna de las dos partes en conflicto porque manejan unas ideas , unos soportes ideológicos que no cuadran con el grado de evolución moral y de la conciencia de los hombres y mujeres ajenos a las estratagemas del poder mundial.

Para situarnos en este contexto ideológico, es necesario mencionar el protagonismo que tienen en la vida pública estadounidense los llamados telepredicadores y el sector del cristianismo fundamentalista. Sepa el lector que esta gente es tan peligrosamente fundamentalista como cualquier miembro de Al-Qaida. Los ideólogos de este cristianismo fundamentalista al que nos referimos aquí están obsesionados con ciertos pasajes del Apocalipsis que supuestamente revelan la llegada ya próxima del armaggedon, una gran guerra o tribulación que será la antesala de la segunda venida de Cristo y la implantación de su reino celestial definitivo. Los que disfrutarán de este reino serán los buenos cristianos, cuyos máximos representantes son los seguidores de estos movimientos fundamentalistas. Ya en la época del “belicoso” Ronald Reagan, famosísimos telepredicadores se infiltraron en los asuntos de la casa blanca y siempre fueron adalides del belicismo más recalcitrante con el fin de provocar el anhelado armaggedon. Con G. Bush sucede ahora lo mismo. Dejando a parte su militancia en la sociedad secreta “Skull and Bones”, especie de secta de índole masónica que proclama la fe en el uso militar imperialista y en la supremacía anglosajona, su codeo constante con los fundamentalistas cristianos se hace sonadamente público en sus trasnochados discursos. Por ello no son pocos los intelectuales estadounidenses que señalan que desde el 11-S parece que en Norteamérica ha surgido un régimen teocrático.


He aquí pues la trágica conclusión; para la gente común - y con sentido común- estos dos señores son lo mismo, el mismo lobo con dos trajes de cordero distintos. Por eso se sienten solos y engañados, estafados y, en cierto modo, desamparados. Las recientes manifestaciones a escala mundial por motivo de la guerra en Irak no son solo manifestaciones contra la guerra sino también contra esos líderes políticos estrafalarios, títeres, y estafadores, contra esa infamia del “conmigo o contra mi”. No. El sentir de la gente es que ni unos ni otros. Ni Laden ni Bush. Ni Hussein ni Aznar. El pueblo. Solo estamos con la gente que aspira a poder vivir a salvo de intereses del tipo que sean. De la gente que solo quiere protegerse de unos personajes irracionales, ignorantes y ajenos a las necesidades de la gente. Porque no representan ni a la totalidad de la raza humana ni a ninguna nación. NO NOS REPRESENTAN.

domingo, septiembre 11, 2005

Aquella tarde del 11 de Septiembre... y aquella época dorada.

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Sucedió en una de las mejores épocas de mi vida. Recién entrado el nuevo siglo, tenía 22 años y muchas ilusiones, proyectos y varios retos que aguardaban pacientemente en la alcoba de la esperanza. Eran - y todavía permanecen -los grandes momentos del candor y la inocencia juvenil. Yo estudiaba un ciclo formativo de grado superior en una antigua edificación que antaño fue un convento para monjas, situada junto a un río y rodeada de extensas plantaciones de naranjos, a las afueras de un pueblo al que guardo un aprecio imbuido de sana melancolía. Las clases se impartían de tres de la tarde a nueve de la noche. Allí conocí a la única chica que logró encandilar a mi duro y contrariado corazón. En el interior de aquellos viejos muros latieron instantes de amor, humor, rabia, irritantes contrariedades y dulces sueños a la hora del crepúsculo. Fue la prueba definitiva que confirmaba mi triunfo definitivo frente a la presión de la sociedad. Al final de aquella aventura de diversión y rebeldía, pude volar libre, eligiendo mi propio destino. Amé - y amo - a aquella chica y a todo lo que aprendí entre los viejos muros, los naranjos, la paz de aquellos atardeceres, la incomprensión general y la comprensión de unos pocos... A pesar de todo, sé que los he amado a todos.

Retrocediendo más allá, en un pasado más remoto, el vacío y la búsqueda de una adolescencia confusa , una tormenta que hoy se me revela purificadora. Allá lejos, muchos amigos que pronto dejaron de serlo e ideas vagas sobre el futuro y el lugar que el mundo me tenía reservado. La apática década de los noventa, la nada entre los suspiros por tenerlo todo, pensar que el mundo y cada pequeña oportunidad de vibrar al ritmo del universo no podía ser desaprovechada de esa manera; una sociedad consumista y sonámbula. Algunos de nosotros nos propusimos despejar el camino. Tras recorrer una senda de dolor vislumbramos al amor y a la amistad verdadera. Supimos que el mundo podía cambiar y ponerse a la altura de nuestros sueños. Nos hablaban de superpoblación, de futuras guerras nucleares, cambio climático, involución de la moral, de los valores, el descarriar de una sociedad que no encontraba su sentido. No nos tragamos el cuento y empezamos a nadar contra la corriente.

En la primavera y verano del año 2001, todas las ilusiones se hicieron cada vez más palpables. ¿Los mejores meses de nuestra vida?. No hay palabras para definirlo, cualquier expresión u axioma convencional se me hace pequeño. Éramos felices. Eso es todo, no debo atreverme a decir más. Y cuando uno alcanza ese grado de felicidad conscientemente saboreada, es entonces cuando deseas despejar el camino para que toda la humanidad disfrute ese estado del ser en el que todos brillamos con la potencia de millones de soles. La vida entendida como un verano dorado de viajes hacia el interior de uno mismo y hacia los confines del mundo real, de comunión con la naturaleza, donde la anarquía puede compatibilizarse con la unión fraterna, la libertad desenfrenada palpablemente unida al sentido de responsabilidad hacia todo lo que te rodea. El mundo podía cambiar...

Pero todo era un sueño, todo era inocencia e ingenuidad. Era una tarde del mes de Septiembre, como cualquier otra, soleada y aburrida para muchos, parecía que el devenir avanzaría linealmente y sin fisuras, el calendario nos situaba en un número tan vulgar como el 11. ¿Qué estaba haciendo yo entonces?. Algo demasiado banal y superfluo como para mencionarlo. Sí, hablaba por teléfono con una chati, nada serio, cosas de la testosterona. De repente aquella conversación se interrumpió, muchas voces excitadas al otro lado del hilo, oí algo de un ataque, unos edificios en llamas, los palestinos lo pagarían caro... Intrigado, colgué el teléfono. Mi padre regresó del centro comercial, bajó del coche a toda prisa reclamando que encendiéramos el televisor.

Y allí estaba aquello. Pronto vimos derrumbarse a una de las torres. Con ella, muchos sueños se resquebrajaban. Alguien le declaraba la guerra a la primera potencia del mundo. Irremediablemente entrábamos en una fase de involución y sufrimiento. El sueño había terminado. Aquella tarde del 11 de Septiembre marcó nuestras vidas, por lo menos las de aquellos que viven conscientes de formar parte de un todo y saben que lo que un día se ve desde lejos al otro te puede tocar de cerca. Ahí tenemos Madrid y Londres. Y lo peor todavía no ha llegado. La cuestión es saber si -ante lo que se avecina - nos dejarán ver cómo termina todo o todos los sueños sucumbirán engullidos en el caos.

jueves, septiembre 08, 2005

La vida ausente en un parque

Hoy he estado en un parque situado en la zona sur de mi ciudad. Es uno de esos sitios en el que puedes dar rienda suelta al pensamiento y abrir todos los canales sensitivos. Sobretodo en un dia como el de hoy, con un potentísimo cielo azul y su sol radiante adornado todo ello con pedazos de nubes algodonadas que se contraían y estiraban formando figuras celestiales, rostros, hasta se podían ver -casi, con un pequeño esfuerzo ensoñador - figuras mitológicas que me saludaban desde las alturas.

El dia anterior había llovido con cierta intensidad, la atmósfera era limpia y clara, y una brisa seca y perfumada (la primera brisa otoñal) me rozaba por todo el cuerpo. A esas horas de la mañana casi no se veían almas disfrutando la atmósfera, tan solo algunos jubilados errantes y un vividor despreocupado como yo.

El parque en cuestión es un “lugar de poder” con el que siempre me he sentido especialmente vinculado, desde mi aún cercana adolescencia hasta hoy. Recuerdo cómo, en el pasado, cuando me sentía aturdido o agobiado por alguna circunstancia, acudía a este lugar, pasaba unos instantes respirando su paz y pronto se restablecía todo mi equilibrio emocional dando paso a una nueva perspectiva más optimista ante la adversidad. Hoy sigue siendo un santuario particular y espacio de culto, de introspección y creación.

Lo sé, estoy convencido de que la vida se vive con más plenitud en ciertos lugares que cada uno elige con el devenir de su trayecto vital. Y seguramente el “poder” de esos lugares perdure para siempre, mientras los recuerdos vivan en mi mente. Sentado en un banco cerca de la hierba, papel y bolígrafo en mano, he escrito cosas como estas: “ El Otoño es la estación de las almas sensitivas”, o “Un hombre solitario siempre guarda un gran secreto”. A mi me divierten más que nada ciertos arrebatos místicos canalizados con las palabras: “ No existe un solo suspiro, instante, fenómeno ni minúsculo avance del tiempo que no este imbuido de un desgarrador sentido de la aventura”. Otras cosas se han escrito, filosofadas al viento que - en lo profundo de mi ser - constituyen el secreto de mi felicidad...y de mi sufrimiento. El dolor puede surgir - como ya comenté en otra ocasión - ante una realidad ausente: la vida no vivida, la vida que debería ser pero no existe. Haré un pequeño críptico: hoy, en ese parque, una vez más (van centenares de veces) he descubierto que el mundo está hecho al revés.

En ese parque, estaba yo solo y algunos viejos jubilados deambulando en busca de placer. Este cielo azul, la fresca y olorosa hierba a mis pies, la erguida y espléndida figura de los árboles y esa brisa que acaricia en la delicada atmósfera del parque...todo esto es afín al alma joven y despreocupada, a la sensibilidad inocente y espontánea, e invita al placer sensual y al gozo de la carne adolescente. Pero allí no había juventud, sólo viejos decrépitos, solitarios y amargados, invadiendo el terreno de mi particular paraíso adolescente. Inversamente, muchos adolescentes buscan encuentros de placer en sórdidos locales de nocturnidad sonámbula, entre litros de licor y músicas de ratonera. Una juventud desubicada de su verdadero espacio de encuentros, tendidos sobre la fresca hierba, bajo cielos siderales y brisas mágicas, euforias sentidas bajo la luz del sol y de la luna.
Todo eso no existe. Existe un mundo al revés, en el que lo marchito y decrépito ocupa el idílico espacio reservado para el alma joven y esta se encierra en oscuros espacios de ocaso y vida podrida. Esta es la realidad, esto es lo que no existe. Yo solo sé que mi deber es vivir.

Todo eso - y mucho más - en un parque, en un día magnífico.

martes, septiembre 06, 2005

Carta desde "aquí" ( Lágrimas de ensueño )

Querido y viejo amigo que estás siempre en mis sueños:

Te escribo al fin desde el otro lado del umbral que separa el mundo de los sueños del de la vigilia cotidiana. Tanto tiempo sin saber de mi imagino te habrá hecho creer que en mi mundo no hay lugar para el recuerdo. Pero he de aclararte que desde dónde ahora me encuentro no solo te veo y te siento con mayor fuerza sino que he descubierto que los recuerdos están hechos de una sustancia hermana de la que ampara y da forma a los más dulces sueños de la vida. Y por eso ahora ,el tiempo que llevo flotando en este mundo onírico, sé que como amigo y como persona eres mucho más real y mucho más imaginario al mismo tiempo. La verdad es que no debería hablar del tiempo tal y como lo percibes en tu mundo real (que no es el mío). Posted by Picasa


Sobre todo me gustaría encontrar las palabras para poder describirte lo que soy y estoy viviendo en este aquí (en realidad si digo aquí tampoco tiene mucho sentido) y en esta forma de “respirar” que ahora disfruto. Has de saber que el lenguaje humano no es muy útil para definir el mundo del sueño y todo lo que pueda transmitirte será sólo una débil sombra de mi “aquí” y “ahora”. Me conoces desde muy joven. Sabes de mi actitud en el colegio, en la calle o en el Instituto. Siempre fui tu amigo introvertido y rebelde que, aunque respetando los derechos de los demás, era poco aficionado a cumplir normas o a jugar al juego de seguir la corriente. Ello hacía de mi un niño poco corriente (valga la redundancia) y ,en consecuencia, tuve que quedarme castigado sólo en el aula mientras el resto de niños jugaban en el patio o encerrado en mi habitación viendo caer gotas de alegría que salían de mi imaginación. Mi pobre padre siempre me decía que tuviera los pies en el suelo y, como hijo poco obediente que he sido, jamás le hice ningún caso. Tú lo sabes bien. Debido a esto mucha gente me ha reprochado mi vagancia y mi supuesta irresponsabilidad. Lo cierto es que nunca han entendido nada y me ha tocado sufrir lo mío. No saben que mi mente, de un modo u otro, no siempre ha estado conectada a la realidad; a esa realidad en la que estás tu ahora. Y me hablaban de exámenes, normas, banalidades y otras tonterías de esas que dice la gente y se queda tan ancha. Mientras, yo empezaba a volar y ,desde las alturas de mi pensamiento, parecían ridículas hormiguitas estúpidas e insignificantes. Ya en aquella época de mi vida tenía fe en mi mundo interior y en sus posibilidades. Percibía que, de algún modo, el mundo interior de los sueños es más auténtico que las cosas que se ven a simple vista. Tras muchos años de duras pruebas y esfuerzos me encuentro en donde siempre he querido vivir. Y ¿cómo lo he conseguido? Pues soñando, volando, enloqueciendo. Y soñar es mucho más que cerrar los ojos y adormecer la mente. Es algo extraño pero vale la pena. Sin embargo, explicarte esto no es el objetivo de mi carta. Solo te diré que para llegar hasta aquí (repito que esto que digo no tiene ningún sentido) he ido volando a través de un y mil universos cada cual más distinto e increíble. Vi luces, sombras, colores y sonidos esparcidos en todas direcciones y en ninguna, amarrándose a una especie de melodía sin fin que acariciaba mi alma y me ayudaba a avanzar en semejante odisea. ¿En qué manera sucede esto? ,te estarás preguntando. Es alucinante, sí, pero te aseguro que lo he vivido y que las palabras limitan mucho. En realidad fue algo parecido a un viaje al país de Nunca Jamás o al mundo de Oz. Y ¿sabes una cosa?. Estos lugares de fantasía no fueron únicamente el fruto de la imaginación de los autores de estas dos obras literarias. Ellos (aunque no conste en sus biografías, cosa lógica) viajaron igual que yo. Luego escribieron inspirándose en lo que vieron y sintieron en ese mundo de mundos. Sólo que lo adaptaron al mundo real puesto que no podía ser de otra manera. Si algún día logras llegar hasta mi mundo entenderás lo que quiero decir. Como también entenderás que muchas de las más fantásticas y conocidas historias que nos ha ofrecido la literatura o el cine son pequeños fragmentos desgajados de este mundo del sueño, allá donde los mitos pueden tocarse, el que te espera cuando logres hallar la llave que abre la puerta que precede a la senda hacia el ensueño.  Posted by Picasa

Una vez más me he desviado de mis intenciones y motivaciones de esta carta porque quiero hablarte de todo lo que he conocido y aprendido.

Para empezar debes ponerte en situación y abrir los canales de tu mente imaginativa. Si quieres llegar a captar siquiera una mínima parte de lo que voy a comunicarte debes revisar tus rígidos esquemas mentales y ponerlos boca bajo, ríete de ellos y aplica una transvaloración a todos tus esquemas racionales. Tómate toda la historia de la humanidad como un encadenamiento sin final de estrepitosos errores acompañados de ridículos intentos por alcanzar el placer o el dominio sobre los demás. Imagina que estás en una terraza de un octavo piso en la quinta avenida de Nueva York y ves pasar a toda la muchedumbre con esa actitud estrafalaria y sonámbula que les caracteriza. Puedes comprobar que, según se les mire son grandes triunfadores del mundo moderno o bien unos miserables, unos auténticos pobres diablos estafados por el mundo y por si mismos. Las normas, los dogmas (ya sean de fe o de tipo social), su supuesta felicidad y posición social son una tomadura de pelo. Ahora aplica esto al conjunto de la humanidad (desde las tribus amazónicas hasta las sociedades más tecnificadas) cógela en tus brazos y ponla del revés, remuévela y verás cómo desaparece pasando a tomar la forma y el color de una mezcla de imágenes , ideas y sonidos muy difusos. Pura ilusión y sensación muerta. Todo, en el mundo donde estás, es pura confusión. Todo es pura norma y rigidez. Consecuencias: los sentimientos, los ideales, la imaginación... no pueden fluir con el ritmo y la energía que requieren. Porque sentimientos, ideales e imaginación son puro ritmo y euforia en libertad, son ardientes olas de fuego que transportan más allá de si mismos a todos aquellos que montan en sus crestas. Entonces el mundo (tu mundo real) se rompe y ... aparecen puertas. ¿A que te parece todo muy delirante?. ¿Nunca te has atrevido a volverte loco de remate?. ¿Sabes lo que puede ser y significar un verdadero bullir de tu sangre y de cada uno de tus átomos?. Aquí empieza el juego. Coge el cielo azul, póntelo a la espalda (será tu mochila de excursión) y flota conmigo. Posted by Picasa


Estamos en el centro menor de un gran universo. Tiene forma de clavel y voz de sirena. Quizá puedes oír como canta. Solo que la voz no va de dentro a fuera sino, en un baile recorriendo una espiral, de fuera hacia dentro. Pero este clavel tiene dueño. Mejor dicho, dueña. Está hundido en los cabellos de la diosa de ojos dorados y patas de nubes. Ella es la que sustenta al mundo de los eternos viajeros del crepúsculo. Es un mundo sembrado de caracoles con olor a verano y luz verderosa. Caminan siempre mirando un cielo rojizo con forma de plátano. El caso es que estas criaturas, que sólo disponen de rostro, ríen y lloran al mismo tiempo. Podríamos seguir viajando por los mundos del sueño y conocer a buenos amigos míos como la mariposa de cristal que soñaba con ser oruga de agua, el gran Rey del país de los Flenípulos, las hojas de otoño que cantaban nanas al viento del este o a las cinco estrellitas del mundo de Ostronópolis. Pero, aunque tengo todo el tiempo en mi cartera, habrá mejores ocasiones. Quiero que sepas que aquí está mi mundo y mi gente. Las normas que me gustan están aquí porque no existen y aparecen solo cuando la imaginación y el sentimiento lo necesitan. No hay fronteras ni ideologías. No existen puntos de vista fijos e inamovibles. No hay un ser ni ninguna definición absoluta. Todo es un carnaval de seres en ebullición, odisea de destinos erráticos y descarriados, siempre imprevisibles ante las olas del tiempo. Sin embargo los seres de aquí nunca estamos de acuerdo y nuestro trabajo favorito es ir siempre contra la corriente y contra todos. ¡Verdaderamente es como partirse de risa! No hay guerras ni revoluciones pero guerreamos y revolucionamos compartiendo cada uno, cada país, cada universo su propio pedazo de la verdad. Son revoluciones de la mente en una inmensa red de posibilidades diversas pero compatibles entre si. ¿Sabes que sucede entonces? De la unión de tantas ideas y opiniones contrapuestas tiene lugar una explosión (peor que la bomba atómica) pero en forma de carcajada (la carcajada universal) y empiezan a aparecer nuevos mundos de sueño, nuevas criaturas, sonidos, melodías y colores antes inexistentes. Y el gran carrusel de las polémicas sin políticas, de risas compartidas, de criaturas sin forma y eternas charlas de primavera vuelve a rodar y a rodar de este a oeste y de norte a sur. Los nuevos nacidos solo tienen un aprendizaje: ser ellos mismos, crear ellos mismos, ser diferentes a la vez que hábiles en la difícil tarea de construir puentes de unión con el fin de hacer que la gran red del universo sea una sola. Dado que el miedo no existe, nadie duerme en horas de soledad sino que el dormir es común a todos porque todos somos y estamos con todos siempre respetando nuestra diversidad ¡Cuantas cosas más podría contarte! Debes sentir mareo y creerás que esto es absurdo pero existe y es real. Solo hay que aprender a volar, a reírse de uno mismo, a entender que el sistema (ese que tan atrapado os tiene) es la bazofia más hortera y ridícula que creó la historia cósmica en todas las eras imaginables y por venir. Vuestra ciencia, vuestras religiones, vuestros dogmas éticos y sociales, el fraude de vuestra política, todo eso no es más que una nada que alimenta a una sociedad de verdaderos muertos.¡¡Atrévete a existir de verdad!!. La vida es mucho más de lo que nos cuentan...pero existe un rayo de luz que brilla en todos, siempre.

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Mañana,cuando te levantes antes de la salida del Sol, ve y sube a un monte alto y contempla el amanecer; me verás pintar la aurora con una sonrisa y tejer finos suspiros de esperanza que te dedicaré. Recuerda que solo los peces muertos van a favor de la corriente y que la vida puede ser un cuento de hadas que tu puedes escribir. Si tu vida no es un cuento de hadas es porque otros la están escribiendo en tu lugar. No te rindas nunca, nunca...

Supongo que algún día volveré, desde el interior de mis sueños.

Besos y abrazos de tu amigo soñador.

domingo, septiembre 04, 2005

¿Me hago "Trekkie?

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Hace pocos días me hice con el DVD de “Star Trek, The motion picture”, la adaptación cinematográfica inspirada en el clásico televisivo de Gene Roodenberry. Nunca he sido “trekkie” pero recuerdo que esta película en concreto me gustó bastante cuando la vi hace ya más de diez años. Tras la revisión me sigue gustando, a pesar de ser algo aséptica, con tramos muy lentos y aburridos. No obstante, el diseño visual es muy acertado y me encanta la historia, con todas sus derivaciones metafísicas. No pasa de ser una producción correcta la que ,tal vez, podría haber sido una obra maestra si el director ( el legendario Robert Wise) y los guionistas hubieran cuidado más la química entre los personajes, más dosis de humor que compensaran ese tono solemne y “bíblico” -que acaba resultando tedioso- y meter tijera en algunas escenas que se alargan innecesariamente. El caso es que me pica la curiosidad y estoy pensando en hacerme con toda la colección de películas, al menos las del tándem original: William Shatner, Leonard Nimoy y cía. Dicen los “trekkies” que su querida saga tiene más contenido filosófico, más complejidad y mejores personajes que “Star Wars”. Estoy totalmente seguro que, para mi, Star Trek no va a tener el mismo poder de fascinación que Star Wars. Sin embargo le voy a dar la oportunidad y a partir de hoy compraré esos DVDS, si los veo a buen precio. Al fin y al cabo, esta saga también puede alimentar los sueños galácticos de todos aquellos que - como yo - muy a menudo alzamos la vista hacia las estrellas y dejamos volar la imaginación para ir al encuentro de esos otros mundos. Solo son sueños, nada más. Pero con el cine casi casi se pueden hasta tocar, respirar su ensoñadora atmósfera.

Si alguno de mis escasos lectores conoce más a fondo la filmografía “trekkie”, bien podría ayudarme y recomendar los títulos que , a su juicio, son los mejores.

Mientras, sigo esperando con impaciencia el DVD del episodio.III, para el próximo 2 de Noviembre.

sábado, septiembre 03, 2005

Verdad

El Amor es el único dios que he conocido. Todo lo demás es mentira.

viernes, septiembre 02, 2005

Llora Nueva Orleans

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Ocaso en Nueva Orleans, gritos y signos de los nuevos tiempos, volvió el fantasma de San Francisco. “Es el clima, que nos hace pagar nuestros excesos”, dicen unos. “Es la justicia divina, el profeta tenía razón”, dicen otros. Pero es un ocaso disimulado, nadie quiere decir demasiado, nadie todavía quiere reconocer que, a pesar de tantas grandezas, somos un elemento de la naturaleza, solo eso y mucho más. Da lo mismo vivir en Sao Paulo o en Nueva Orleans, da lo mismo lo que creamos, lo que deseemos, lo que creíamos que el mundo podía ofrecer. “No podemos creer que esto este sucediendo en el primer mundo”, que ignorantes, ¿qué es el primer mundo?. Nada, sólo una quimera, un polvo vanidoso y ególatra. Dicen que podrían haber miles de cadáveres en lo profundo del mar que anega a la pobre Nueva Orleáns (revisar el último tramo de la película “A.I” de Spielberg, en el que Nueva York “ciudad del fin del mundo” lloraba con lágrimas de León). Dice el tejano y profeta prestidigitador, el hombre de los billetes negros, que hay que empezar con el ahorro de combustible, que hacen lo que pueden, que god bless america...

Llora Nueva Orleans, otra víctima más, igual que todos nosotros.
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